SUSHI PARA PRINCIPIANTES
Sabía que era absurdo, pero no pudo evitar sentirse halagada. Era agradable sentirse deseada. Apartando de su mente recuerdos de otros puentes en que había ido en helicóptero a Champneys, había viajado a Niza en primera clase o se había ospedado en un hotel de cinco estrellas en Cornualles, cogió una chaqueta y pasó el resto del domingo sentada en las escaleras de la puerta de su casa, llevando la cuenta de los tantos mientras los niños del barrio jugaban a una versión muy agresiva del tenis.
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